Cuando hacía apenas unos días que acababa de llegar a Baríis, un
chico se me acercó en el Canal de Saint Martin con la evidente intención de
ligar conmigo. Tras notar mi “petit accent” (tal y como lo llaman aquí, ya sea
el acento ligero o descarado), me preguntó por mi procedencia.
-Española, respondí, y no pude evitar devolverle la pregunta sobre
sus orígenes, teniendo delante a una persona que pese al dominio nativo del
idioma, tenía unos rasgos más cercanos a los que se ven en el norte de África
que en la tierra de Montesquieu.
Raudo como una bala, el chico contestó sin dejarme terminar la
pregunta: FRANCÉS. Soy francés. He nacido en Burdeos, vale?
Un estudio publicado esta semana por el INSEE, el Instituto Nacional de Estadística
galo, pone de relieve una característica particular de Francia frente a otros
países con un fuerte flujo migratorio: aquí, el número de hijos de inmigrantes
nacidos con la nacionalidad francesa sobrepasa al de los propios migrantes.
En Francia ya son 6,7 millones de personas, el 11 % de la población
francesa. Veamos cómo anda el país de la "Liberté, Égalité et Fraternité" en
materia de integración.
El baremo de las parejas "interraciales", que puede considerarse un
buen termómetro de lo bien que se integran los extranjeros y de la aceptación que
estos reciben por parte de los propios franceses, cumple con creces.
En Francia, la cantidad de descendientes "mixtos" -osea,
con un padre o madre francés y el otro nacido en el extranjero- es amplio, lo
que demuestra que los matrimonios y las uniones entre personas de origen
distinto se producen. De hecho, basta con salir a la calle y darse una vuelta
por casi cualquier barrio de Baríis para ver críos cuyos padres combinan toda
la paleta de colores imaginable.
Aun así... hay cosas que chirrían, y aunque la discriminación sea difícil de demostrar,
el propio estudio afirma que aún quedan muchas cosas por resolver.
En él se explica que,
pese a que la gran mayoría de los hijos de inmigrantes se siente francés (un 90
%), existe un 10 % que no lo vive así, aunque haya nacido en este país.
Entre los descendientes de extranjeros, un 67 % cree que los demás
le perciben como francés, pero, ¿qué pasa con el 33 % restante?
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| Futuros albañil, peluquera y conductor de metro |
Ya en el colegio, el 14 % de los nenes con padres de otro país cree
que lo tratan peor que a los otros niños. Cuando llegan a la secundaria, a la
hora de orientarles, sus profesores les aconsejan en mucha mayor medida que a
sus compañeros hacer una formación profesional en vez de ir a la universidad.
Un pequeño matiz previo: estamos de acuerdo, sería estúpido ignorar que un emigrante parte casi
siempre de un nivel socioeconómico más bajo que un nativo. Dicho esto, no podemos pasar por alto algunos otros datos del informe:
- Aunque se jalea el
que los hijos de inmigrantes tienen una mejor formación que sus padres, sorpresa
: cinco años después de terminar su
educación, el paro entre los franceses de padres nativos es del 11 %...
mientras que entre los hijos de africanos es del 29 %
- Mientras que sólo el 7 % de la población francesa vive en las llamadas “Zonas
Urbanas Sensibles” (osea, barrios chungos con alto desempleo y enormes problemas de
violencia e inseguridad), entre los hijos de inmigrantes está cifra sube al 14 %
- Basándose en 12 criterios objetivos y en la propia opinión de los
habitantes, el 66 % de las familias francesas nativas viven en viviendas “de
buena calidad”. En el caso de las familias formadas por descendientes de inmigrantes baja al 59 %.
- En cuanto al "nivel de vida" en general, que evalúa varias
condiciones relativas, parece que en un hogar de inmigrantes la calidad es un
30 % inferior al de uno francés. Una generación más tarde, los hogares de hijos de inmigrantes siguen siendo
un 12 % peores.
- La tasa de pobreza, que en 2009 era del 13,5 % entre el conjunto de
los franceses, alcanzaba al 37 % de los inmigrantes y aún al 20 % de sus
descendientes.
Mi conversación con ese chico me hizo darme cuenta de algo: cuando
tus padres no nacieron en Francia pero tú sí, no sólo debes ser francés, también debes parecerlo. Al menos, si quieres tener las mismas oportunidades
que el resto.
Aunque la religión y las costumbres del país de origen de los padres
tenga mucho que ver con el grado de adaptación de sus hijos a otra cultura (una persona cuyos padres proceden de Alemania comparte más elementos
de identidad con los franceses que alguien venido del norte de África), en
demasiadas ocasiones no se sabe muy bien si es la falta de ganas de integrarse la que favorece la
exclusión por parte de la sociedad francesa o es la discriminación previa la que hace a estos hijos de
inmigrantes volverse hacia sus orígenes y dar la espalda al país al que emigraron sus padres.
El nombre y el color de la piel siguen contando, y a la hora de
buscar un trabajo o conseguir un alquiler, deben demostrar su valía más que quienes se apellidan Martin o Fournier.
En un artículo genial en la web "Rue 89", el joven periodista Borhene M., francés de origen
magrebí, lo exponía con crudeza e ironía a partes iguales:
“Yo formo parte de ese 90
% de franceses hijos de inmigrantes que se siente francés, pero hay veces en que caigo al otro lado, en el otro 10 %.
Te
pasa cuando mandas tu curriculum a una empresa (en la que te pagarán una
miseria y para un puesto para el que estás sobrecualificado) donde trabaja un
amigo tuyo “francés francés” porque te ha dicho que buscan como locos al
alguien. Al no tener noticias de la
empresa, acosas a tu colega hasta que se cansa y te dice: 'ya, en realidad es que parece que no
contratan mucho a moros…'.
O cuando en un control policial “de rutina”,
un poli te dice que quiere registrar "tus pelotas de árabe" y te pide que te
tires al suelo.
O cuando uno de sus colegas
hace entrar a un perro en tu coche en busca de hachís mientras que en el coche
de delante un grupo de rubios se hincha a porros."
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| Una pareja de franceses cualquiera |
Frente a una realidad que en demasiadas ocasiones le es hostil, la
famosa “segunda generación” busca su lugar y se abre paso en la sociedad
francesa -al fin y al cabo, la que mejor conoce- como puede: a veces con silenciosa
resignación, otras veces a codazos.
A pesar de los prejuicios, Francia cada día es más plural, gracias entre otras cosas a estos hijos de inmigrantes, de los que, según el informe, sólo dos de cada diez tienen como pareja a alguien de su mismo origen.
Conscientes de lo que les hace distintos, estos jóvenes van normalizando la diferencia. Por eso, quizá un día no muy lejano la pregunta “¿de dónde eres?”
no ponga a nadie a la defensiva.