martes, 31 de enero de 2012

El secreto está en los noodles

Aunque a priori no soy más fan de la cocina oriental que de cualquier otra, ya que en Baríis comer, igual que respirar, es caro, desde que he llegado aquí me he convertido en una apasionada de los noodles instantáneos, esos gusanillos de pasta deshidratada que mezclados convenientemente con agua hirviendo y con sospechosas sustancias en polvo, da lugar a una comida sana y nutritiva.
Bueno, quizá sana y nutritiva no, pero como cualquiera de sus múúúúúúltiples variantes no cuesta más de un euro, se trata de una alternativa sensata al confit de canard o al coq au vin. Problema: son adictivos.
El caso es que con motivo del inicio del Año del Dragón en el calendario chino, el pasado domingo en Baríis se celebraron varios desfiles para celebrar tamaño evento, así que me acerqué al XIIIeme arrondissement (aka Chinatown) para felicitar el año a los nuevos responsables de mi dieta.


Ya sabemos que chinos hay por todos lados, pero lo que no esperaba ver allí era un furor tan desmesurado por parte de los franceses hacia esta comunidad, que en la ciudad cuenta con unos  150.000 miembros.
Pese a hacer un frío que crujía el alma, hordas de gente sonriente esperaban para ver pasar la comitiva. Padres y niños gritaban con alborozo “Bonne année, bonne année!!!” (Feliz Año Nuevo!!!) a cuanto chino pasaba, y eso que eran muchos.


 Hasta el señor François Hollande, candidato socialista en las próximas elecciones presidenciales que se celebrarán en Francia en tres meses, se dio un garbeo por el barrio como quien no quiere la cosa, a ver si captaba unos cuantos votos (¿os imagináis a Rubalcaba haciendo lo mismo?)

En ciertos momentos, los asistentes se incrustaban tanto sobre el desfile que provocaban comentarios con sorna como los de mi vecina de fila, -por cierto, de ojos rasgados- que se mofó de los otros en un impoluto francés con acento bariisino: “Mira, mamá, un chino de verdad, puedo tocarlo?”


Por su parte, los protagonistas del evento a su bola, risueños pese a la rasca, haciendo su númerito y devolviendo los saludos a todos los pesados que encima se empeñaban en tocar el los Dragones de tela brillante que se sucedían en fila india porquedabuenasuerte.
La euforia por lo asiático era tal, que entre los protagonistas pude ver numerosos outsiders, también engalanados, orgullosos y disfrutando de lo lindo, pese a tener de chinos lo que Hu Jintao de comunista (poco, en realidad).


Tras este baño de multitudes no me quedó ninguna duda: aunque aquí no cumplen una de las funciones sociales más importantes que se han encomendado en España (ser dueños de tiendas de Alimentación) los chinos están plenamente integrados en Baríis. Es más, me atrevería a decir que gozan de un gran prestigio social.
Mientras, aprovechando la receptividad de los espectadores, como es lógico en una cultura que nos saca años de ventaja, los desfilantes tiraban toda la publicidad que podían entre comitiva y comitiva, cuán Reyes Magos lanzando caramelos Paco en una vulgar cabalgata.

Ésta es la gente que domina el mundo, señores. Ellos y sus noodles.

jueves, 19 de enero de 2012

Encontrar piso en Bariis

Me enorgullece informaros de que… ya tengo casa.

La cosa parecía simple: llegar, llamar, visitar, y aposentarse. Pero no. Sufrir era necesario.Tras 70 euros gastados en llamadas, dos suscripciones previo pago de 22 euros a Appartager (esa gran página web), 20 idas y venidas por el metro bariisino y un pateo interminable por esta bendita ciudad, he encontrado un pequeño apartamento en el que vive una treintañera hippy-zen que me subalquila su habitación por 550 euros al mes.

Chicos, soy una privilegiada. Encontrar casa aquí en dos semanas se acerca bastante al milagro de los panes y los peces.

Aprovecho para dedicar este post a Rus Moya e Ignacio Marín, esas dos míticas personas sin las cuales me habría visto abocada a vivir bajo uno de los 37 puentes que unen las dos riberas de la capital francesa.

Lo que sigue es una pequeña lista destinada a todos aquellos que tengan intención de residir en esta bella metrópolis. He aquí algunos aspectos a tener en cuenta cuando buscas piso en ella:

1. La guerra. Cuando buscas alojamiento permanente en Bariis, te armas de fuerza y tesón porque ya te han avisado de que la cosa es dura. Así,  te levantas a las 6h30 para ir a comprar el PAP (Particulier à Particulier), periódico donde, como su nombre indica, se ofertan casas de particulares en modalidad compra, venta, alquiler y subalquiler. Comienzas a llamar a las 7h45 para descubrir que el contestador automático salta en 2 de cada 3 teléfonos, que algunos no permiten ni dejar mensaje porque a esa hora YA ESTÁN LLENOS (!!) y que los que sí descuelgan te piden que acudas a una hora determinada al piso en juego para hacer cola junto al resto de aspirantes. Algunos tienen cara de ansiedad, otros de desesperación, pero tú aún estás fresco e ilusionado. En algunas casas visitadas te comentan que, tras colgar el anuncio, reciben unas 50 llamadas al día y que en las primeras 24 horas les llegan unos 300 correos electrónicos.

2. El dossier. El dossier es una carpeta cuyo contenido demuestra que eres una persona respetable y de bien. En él se incluye todo a excepción (y sospecho que, en ocasiones, incluido) tu grupo sanguíneo. La carpetita en cuestión debe contener documentos tan fáciles de conseguir para un becario extranjero como un avalista francés (ja), tus últimas dos declaraciones de la renta (jaja), tus últimas 12 nóminas en las que debe reflejarse que ganas tres veces más de lo que cuesta el alquiler (jajaja), así como cartas de recomendación, curriculum, y un largo etcetera.
Se distingue claramente a los aspirantes a inquilino que no tienen alguno de los documentos necesarios por sus saltitos a derecha e izquierda y su sonrisa nerviosa mientras esperan su turno en la cola para visitar el apartamento de marras. Naturalmente, tú, becario extranjero, no sonríes: directamente, te descojonas, y los saltitos tienden a ser largos pasos resignados hacia la puerta consciente de que tus posibilidades de ser elegido tienden a cero.

3. El precio. Las grandes ciudades son caras. Vale. Sólo que aquí son extremadamente caras. Los alquileres oscilan entre los 400 euros (en algún lugar oscuro del extrarradio) y los 700, 800, e incluso 1000 euros por una habitación. La locura máxima. Naturalmente, hay gente dispuesta a pagar por ellas. Todo lo que baja de ese precio suele responder a alguna de las oscuras prácticas abajo detalladas.

4. La “estrechez”. En Bariis, los apartamentos son, por definición, pequeños. Las casas compartidas a tres o a cuatro son prácticamente inexistentes, y abundan aquellas en las que el propietario o inquilino deciden arrendar el salón y quedarse con el único dormitorio.  Las habitaciones “de paso” (de paso a otra habitación, a la ducha o al retrete) son moneda corriente. Y también es frecuente encontrar anuncios en los que se propone vivir en el salón de una casa, eso sí, preservando tu intimidad mediante… una cortina de plástico. Ellos te aseguran que la bonne convivialité está asegurada, pero a ti el rollo squat pagando no acaba de convencerte.

5. La “necesidad”. La necesidad agudiza el ingenio, sí, pero no sólo del que busca, sino también del que ofrece. Lo mejor que he visto por aquí ha sido un trastero convertido en habitación en el que no había váter ni ducha. El casero proponía a la aspirante a inquilina apuntarse al gimnasio que había a dos calles del inmueble para aprovechar sus baños y de paso, hacer un poco de ejercicio.

6. El morro. Aunque en todas las ciudades el mundillo del alquiler está plagado de timos, creo poder afirmar sin demasiados titubeos que Bariis se lleva la palma. Obviando la cantidad ingente de anuncios que ofrecen una habitación elegantecoquetaampliayluminosa por dos duros, y te piden que pagues tres meses de renta por Western Union antes de visitarla, por aquí he encontrado otra modalidad autóctona: la de casa por sexo. Y encima, pagando. Un ejemplo: “Hombre de 54 años busca mujer joven, ordenada, limpia y de buen aspecto para compartir estudio de 20 metros cuadrados. Precio: 450 euros al mes. La cama sería a compartir. Sólo personas serias. Abstenerse curiosos”. La pregunta inmediata que se plantea una es: aparte de chupártela, encima tengo que pagarte 450 pavos??????


El resto de asuntos, que haberlos haylos, los reservo para el libro de consejos que editaré algún día. Seguramente, será un éxito.

domingo, 8 de enero de 2012

"La vie à Bariis"

París es la ciudad de la luz, del amor y del Oh la la! Es ese lugar divino que tiene por emblemas la torre Eiffel, Eurodisney y el museo Louvre. Es la ciudad donde las chicas van trop chic pese a que hace trop froid (tiempo de mierda, en traducción libre al español). Es la ciudad de la moda y de la Bohème.


Sin embargo, París es también una ciudad de más de dos millones de habitantes -de un total de casi doce, si incluimos toda el área metropolitana- en la que cerca de la mitad de los residentes menores de 15 años tiene ascendencia extranjera, en particular de origen magrebí y de otras ex colonias francesas del África subsahariana.


En ella conviven personas de 110 nacionalidades.
En París una de cada cuatro personas es inmigrante.


Así pues, pese lo fascinante de la bohème, lo chic, Carla Bruni y la torre Eiffel, y sintiéndolo mucho por todos aquellos que vean en esos temas las claves de la capital francesa, este blog se dedicará a la otra cara de la moneda: a los colores, los olores, los sonidos y las voces que se dejan oír bajo la primera capa de la realidad parisina. Aquí hablaré de todos los países, culturas, religiones y tradiciones que conviven en esta ciudad de -a decir verdad- poca luz y mucha lluvia.
Conforme descubra, prometo ir informando.

 N.A.: Bariis es la transcripción al alfabeto latino de باريس, esto es, la pronunciación en árabe de París. El nombre de mi blog no tiene naaada que ver con el hecho de que en un principio me fuera a vivir al Cairo.