martes, 13 de enero de 2015

A vueltas con Charlie

Después de varios días de sobrecarga informativa, con el brutal atentado contra la revista Charlie Hebdo todavía a medio digerir, creo que se hace necesaria una reflexión, o más bien, varias reflexiones. Entre tanta profusión de pronombres (Je suis Charlie, Je ne suis Pas Charlie, Nous sommes tous Charlie, etc.) quizá hayamos perdido ciertas cuestiones de vista. Vayamos una por una.

JE SUIS  CHARLIE

Es la visión impuesta desde el primer momento, la forzosa, la necesaria, tras la masacre ocurrida en la sede de ese semanario, bien conocido por los franceses como publicación incómoda y provocadora. ¿Qué otro sentimiento que no fuera el de inmediata solidaridad podría haber despertado un suceso así? ¿Cómo no sentirnos aludidos, cuando el golpe fue tan cerca, tan inesperado, tan duro? La reacción en las calles de Francia y en otros muchos lugares del mundo no podía ser diferente: cientos de miles de personas gritando al unísono no a la violencia, no al terrorismo, sí a la libertad de expresión, sí a la libertad tout court.

JE NE SUIS PAS CHARLIE

Sin embargo, chocados y confusos como hemos estado, parecemos haber olvidado atar algunos cabos, y una semana después de lo ocurrido, creo que no estaría de más señalar unas cuantas incongruencias del discurso mainstream de las que al menos deberíamos ser conscientes:

Charlie Hebdo era una publicación hiriente y ofensiva (en mi opinión, claro)

La revista Charlie Hebdo publicaba caricaturas del islam radical para reírse de los fanáticos, pero también publicaba viñetas que eran poco o nada divertidas, cuyo único objetivo parecía ser el de decir “lo hacemos porque podemos, no nos importa lo que sintáis al respecto y sobre todo, lo seguiremos haciendo y no podéis hacer nada para impedirlo”

"El Corán es una mierda, no para las balas". Bonito título sacado a propósito de la matanza de cientos de partidarios de los Hermanos Musulmanes en Egipto


Quizá me equivoque, pero no me parece que otras revistas, como la española Mongolia, sean comparables. En primer lugar, porque se ríen de la institución eclesiástica y no de los católicos; en segundo lugar, porque los católicos en España no son una comunidad  menospreciada, con problemas de integración o discriminada. La musulmana en Francia, en muchas ocasiones, sí lo es. Con una parte de la población que pese a haber nacido francesa, continua sintiéndose extranjera en su propio país, sigue encontrando más problemas para acceder a un trabajo o una casa por su fe o color de piel, y tiene un partido como el Frente Nacional que le apunta directamente a la cabeza, reírse de la religión que profesa me parece directamente insensible y de mal gusto. Es muy bonito decir que Charlie Hebdo era un adalid de la libertad de expresión y que solo se reían del extremismo, pero podéis juzgar por vosotros mismos:


Rodaje de la escandalosa película sobre Mahoma: "¿Estás seguro de que Mahoma tenía sexo con una cabeza de cerdo?" "Tío, no tenía pasta para pagar a una puta de 9 años"  

"100 latigazos si no estáis muertos de risa". Perdón, no la pillo.


Jamás defenderé un acto brutal como el ocurrido a pocos metros de mi casa hace unos días, pero no puedo decir que comparta su visión sobre el uso que hay que darle a la libertad de expresión.

(Para quienes sepáis francés y os interese, en este artículo  previo al atentado un exdibujante de la revista explica, desde su experiencia, la “conversión” de Charlie Hebdo)


ILS NE SONT PAS CHARLIE

Además de euro o etnocentrista, si nos paramos a pensarlo, es de bastante mal gusto salir en masa por la muerte de 17 personas a manos de yihadistas en Francia, y no hacer el más mínimo gesto por las 2.000 personas asesinadas en Nigeria por Boko Haram (versión del Estado Islámico en África Subsahariana), solo un día antes de la multitudinaria manifestación en París.

Insisto: DOS MIL PERSONAS borradas de un plumazo, la peor masacre perpetrada por el grupo extremista según Amnistía Internacional, y NI UNA SOLA MENCIÓN (oficial o extraoficial) el domingo pasado. ¿Cuánto menos valen sus muertes?


Más de un millón y medio de personas salieron a la calle solo en París y 3,7 millones en toda Francia, por los 17 muertos en los atentados contra Charlie Hebdo y el supermercado judío


(Acabo de ver que El País también analiza el fenómeno)


ILS AUSSI ÉTAIENT CHARLIE

No es porque los muertos fueran europeos, sino porque ha sido un atentado contra la libertad de expresión, dirán algunos. En ese caso, alguna de las 96 muertes de periodistas,colaboradores y blogueros que se produjeron en 2014 según Reporteros Sin Fronteras por el mero hecho de ejercer su oficio, debería haber despertado una respuesta similar. ¿Lo hicieron?

(Por cierto, premio a quien le suene algún nombre de la lista, aparte de JAMES FOLEY, occidental asesinado por... exacto, de nuevo, el yihadismo islámico)


VOUS N’ÊTES PAS CHARLIE

Tras el atentado, el apropiacionismo y la hipocresía más lamentables han llegado una vez más de la mano de nuestros políticos.

No me voy a extender demasiado aquí porque otros han dicho muy bien  lo que representa esta imagen. ¿Se puede ser más cínico? Sí, pero nunca de forma tan gráfica



(Para quien no tengan ganas de entrar en el link, se trata de una lista exhaustiva de las distintas formas que tienen de mearse en la libertad de expresión buena parte de los líderes que presiden esta comitiva)



ILS NE SONT NON PLUS CHARLIE

Desde que Amedy Coulibaly, el tercer atacante, matase a 4 rehenes en un supermercado kósher al este de París, el Estado francés ha desplegado un impresionante dispositivo de seguridad frente a las escuelas y lugares de culto judíos.

Celebro que Francia proteja a sus ciudadanos y especialmente a un colectivo que es generalmente vulnerable  y mas en estos días. Sin embargo, ¿qué hay de los miles de musulmanes que no son terroristas, que no defienden el terrorismo y que tienen miedo de salir a la calle? La madre (musulmana y con velo) del policía al que asesinó hace dos años Mohamed Merah, el anterior iluminado yihadista, explicaba el domingo que la habían insultado cuando acudió a una manifestación de solidaridad con las víctimas de este último atentado.

Desde el 7 de enero se han registrado más de 50 ataques a lugares de culto musulmán. Así pues, más allá de pedir que no se haga amalgama entre islam y terrorismo, ¿dónde están las acciones concretas del gobierno galo para proteger a quienes también son ciudadanos franceses?


Musulmana francesa en una de las manifestaciones de estos días



Seamos claros: si pasan cosas como esta, es que hasta ahora algo no ha funcionado en nuestras sociedades.

Tirar por la vía de en medio, generar un megaestado policial, pedir que se vuelva a instaurar la pena de muerte o poner freno a la emigración, no conseguirán detener la fiebre yihadista dentro de nuestras fronteras.

Primero, porque como decía otro periodista con una tesis bastante distinta a la mía, “pedir cerrar la puerta a la inmigración musulmana como hacen tantos “patriotas”, equivale a cerrar las ventanas de una casa para combatir el mal olor de las cañerías”. Se refería, evidentemente,  a que el yihadismo está ya dentro.

Segundo, porque el caldo de cultivo del fundamentalismo son, antes que los textos sagrados o la fe en sí misma, las intervenciones en países extranjeros con el argumento hipócrita de imponer nuestros valores, o el menosprecio a sus correligionarios dentro de nuestra sociedad occidental. Deberíamos asumir que, como decía el jefe del Diyanet turco (Ministerio de asuntos religiosos, y ojo, que no suelo estar de acuerdo con esta gente), Occidente es en parte responsable de la radicalización de ciertos individuos que crecieron en el contexto de las guerras en Irak y Afganistán, y que hoy viven "con la consciencia herida" y "la identidad magullada".

No estoy excusando ni justificando EN NINGÚN SENTIDO los atentados en París, pero creo que si queremos evitar que vuelva a producirse algo parecido, a riesgo de sonar naïf, diría que tenemos que hablar de educación y de comprensión, entre ateos, agnósticos, judíos, cristianos y musulmanes.

En lugar de inventar Patriot’s Act a la francesa y blindar las fronteras, deberíamos exigir más diálogo y fomentar la integración. Porque si estos atentados sirven para que se recorten aún más nuestras libertades, ¿quién habrá ganado?

Una vez terminemos con la (necesaria) llamada a la defensa de la libertad de expresión y la condena a la violencia, terrorista o de cualquier otro tipo; una vez hayamos desplegado y ensanchado todos los dispositivos de seguridad pertinentes para evitar nuevos ataquesalademocracia; una vez hayamos llamado a la concordia y el respeto a todas las religiones, volvamos a lo realmente hace falta: debatir, para comprender y para lograr cambiar de esquema.