domingo, 14 de octubre de 2012

Los otros hijos de Francia

 Cuando hacía apenas unos días que acababa de llegar a Baríis, un chico se me acercó en el Canal de Saint Martin con la evidente intención de ligar conmigo. Tras notar mi “petit accent” (tal y como lo llaman aquí, ya sea el acento ligero o descarado), me preguntó por mi procedencia. 

-Española, respondí, y no pude evitar devolverle la pregunta sobre sus orígenes, teniendo delante a una persona que pese al dominio nativo del idioma, tenía unos rasgos más cercanos a los que se ven en el norte de África que en la tierra de Montesquieu. 

Raudo como una bala, el chico contestó sin dejarme terminar la pregunta: FRANCÉS. Soy francés. He nacido en Burdeos, vale? 

Un estudio publicado esta semana  por el INSEE, el Instituto Nacional de Estadística galo, pone de relieve una característica particular de Francia frente a otros países con un fuerte flujo migratorio: aquí, el número de hijos de inmigrantes nacidos con la nacionalidad francesa sobrepasa al de los propios migrantes.  

En Francia ya son 6,7 millones de personas, el 11 % de la población francesa. Veamos cómo anda el país de la "Liberté, Égalité et Fraternité" en materia de integración. 

El baremo de las parejas "interraciales", que puede considerarse un buen termómetro de lo bien que se integran los extranjeros y de la aceptación que estos reciben por parte de los propios franceses, cumple con creces.

En Francia, la cantidad de descendientes "mixtos" -osea, con un padre o madre francés y el otro nacido en el extranjero- es amplio, lo que demuestra que los matrimonios y las uniones entre personas de origen distinto se producen. De hecho, basta con salir a la calle y darse una vuelta por casi cualquier barrio de Baríis para ver críos cuyos padres combinan toda la paleta de colores imaginable.  
 
Aun así... hay cosas que chirrían, y aunque la discriminación sea difícil de demostrar, el propio estudio afirma que aún quedan muchas cosas por resolver. 

En él se explica que, pese a que la gran mayoría de los hijos de inmigrantes se siente francés (un 90 %), existe un 10 % que no lo vive así, aunque haya nacido en este país. 

Entre los descendientes de extranjeros, un 67 % cree que los demás le perciben como francés, pero, ¿qué pasa con el 33 % restante?   
Futuros albañil, peluquera y conductor de metro
Ya en el colegio, el 14 % de los nenes con padres de otro país cree que lo tratan peor que a los otros niños. Cuando llegan a la secundaria, a la hora de orientarles, sus profesores les aconsejan en mucha mayor medida que a sus compañeros hacer una formación profesional en vez de ir a la universidad.

Un pequeño matiz previo: estamos de acuerdo, sería estúpido ignorar que un emigrante parte casi siempre de un nivel socioeconómico más bajo que un nativo.  Dicho esto, no podemos pasar por alto algunos otros datos del informe:

- Aunque se jalea el que los hijos de inmigrantes tienen una mejor formación que sus padres, sorpresa :  cinco años después de terminar su educación, el paro entre los franceses de padres nativos es del 11 %... mientras que entre los hijos de africanos es del 29 %
- Mientras que sólo el 7 % de la población francesa vive en las llamadas “Zonas Urbanas Sensibles” (osea, barrios chungos con alto desempleo y enormes problemas de violencia e inseguridad), entre los hijos de inmigrantes está cifra sube al 14 % 

- Basándose en 12 criterios objetivos y en la propia opinión de los habitantes, el 66 % de las familias francesas nativas viven en viviendas “de buena calidad”. En el caso de las familias formadas por descendientes de inmigrantes baja al 59 %.

- En cuanto al "nivel de vida" en general, que evalúa varias condiciones relativas, parece que en un hogar de inmigrantes la calidad es un 30 % inferior al de uno francés. Una generación más tarde, los hogares de hijos de inmigrantes siguen siendo un 12 % peores.  

- La tasa de pobreza, que en 2009 era del 13,5 % entre el conjunto de los franceses, alcanzaba al 37 % de los inmigrantes y aún al 20 % de sus descendientes. 
 
 
Mi conversación con ese chico me hizo darme cuenta de algo: cuando tus padres no nacieron en Francia pero tú sí, no sólo debes ser francés, también debes parecerlo. Al menos, si quieres tener las mismas oportunidades que el resto.

Aunque la religión y las costumbres del país de origen de los padres tenga mucho que ver con el grado de adaptación de sus hijos a otra cultura (una persona cuyos padres proceden de Alemania comparte más elementos de identidad con los franceses que alguien venido del norte de África), en demasiadas ocasiones no se sabe muy bien si es la falta de ganas de integrarse la que favorece la exclusión por parte de la sociedad francesa o es la discriminación previa la que hace a estos hijos de inmigrantes volverse hacia sus orígenes y dar la espalda al país al que emigraron sus padres. 

El nombre y el color de la piel siguen contando, y a la hora de buscar un trabajo o conseguir un alquiler, deben demostrar su valía más que quienes se apellidan Martin o Fournier. 

En un artículo genial en la web "Rue 89", el joven periodista Borhene M., francés de origen magrebí, lo exponía con crudeza e ironía a partes iguales:

“Yo formo parte de ese 90 % de franceses hijos de inmigrantes que se siente francés, pero hay veces en que caigo al otro lado, en el otro 10 %.
Te pasa cuando mandas tu curriculum a una empresa (en la que te pagarán una miseria y para un puesto para el que estás sobrecualificado) donde trabaja un amigo tuyo “francés francés” porque te ha dicho que buscan como locos al alguien.  Al no tener noticias de la empresa, acosas a tu colega hasta que se cansa y te dice: 'ya, en realidad es que parece que no contratan mucho a moros…'. 
O cuando en un control policial “de rutina”, un poli te dice que quiere registrar "tus pelotas de árabe" y te pide que te tires al suelo. 
O cuando uno de sus colegas hace entrar a un perro en tu coche en busca de hachís mientras que en el coche de delante un grupo de rubios se hincha a porros."
 
Una pareja de franceses cualquiera
 Frente a una realidad que en demasiadas ocasiones le es hostil, la famosa “segunda generación” busca su lugar y se abre paso en la sociedad francesa -al fin y al cabo, la que mejor conoce- como puede: a veces con silenciosa resignación, otras veces a codazos. 

A pesar de los prejuicios, Francia cada día es más plural, gracias entre otras cosas a estos hijos de inmigrantes, de los que, según el informe, sólo dos de cada diez tienen como pareja a alguien de su mismo origen.
 
Conscientes de lo que les hace distintos, estos jóvenes van normalizando la diferencia. Por eso, quizá un día no muy lejano la pregunta “¿de dónde eres?” no ponga a nadie a la defensiva.

jueves, 4 de octubre de 2012

Mitos y realidades de la Moda en Baríis


Amigos y amigas: con motivo del fin de la Fashion Week, he decidido romper el silencio en esta bitácora con una nueva entrada.

Aunque hasta ahora me haya resistido a ver esta bendita ciudad con objetividad y haya ignorado que la Moda se respira en ella en todas sus formas, tras ocho meses de residencia en la capital francesa he decidido rendirme a la evidencia: mi blog no se llama La Vie à Baríis por la transcripción fonética de la escritura en árabe de París, se llama Baríis por la palabra Bobo. Baríis es el lugar Bobo por antonomasia.

Para quien se pregunte de qué hablo, Bobo, en argot francés, parte de la contracción “Bourgeois-Bohème” (Burgués-Bohemio) y define como ninguna otra acepción el snobismo y gafapastismo que inundan las calles de esta ciudad. En cualquier momento y en cualquier situación, comprando el pan o durante la visita semanal a la lavandería, se puede observar a personas que han dedicado al menos tres horas y la mitad de tu salario mensual a vestirse en código casual-divinodelamuerte.

Baríis es fashion, como prueba el hecho de que se trata del único lugar en la Tierra donde las dos reglas que cualquier madre enseña a su hija a temprana edad (“no mezclarás ni azul marino con negro, ni  rayas con cuadros”) se saltan a la torera sin que ello arruine el look hiper cool del personal.
Tras esta breve introducción, espero que nadie ponga en duda que la Fashion Week o Semana de la Moda en Baríis, que en tanto que periodista, me toca vivir de cerca, es MIL VECES más infernal que la Fashion Week de Milán, Nueva York o Madrid.

Tras consultar a numerosos expertos y vivir en carne propia la experiencia, a continuación relato los mitos y realidades que rodean este acontecimiento “cultural”.


Vestido super ponible un lunes cualquiera
1. Sólo existe una Fashion Week: FALSO. A falta de una, a lo largo del año se celebran varias Fashion Week: la de la Haute-Couture, la del Prêt-à-Porter (o Listo-para-llevar, aunque nadie en su sano juicio saldría a la calle con las prendas que desfilan por las pasarelas estas semanas), la de Moda para hombre, la de Primavera/Verano, la Otoño/Invierno…de esta forma, la fiesta está garantizada tooodo el año.

2. Se trata de un evento elitista en todos los sentidos: VERDADERO. Desde el inicio hasta el final de los desfiles, tanto si te toca trabajar en ellos como si “sólo” asistes como espectador, podrás entender de qué hablo. En muchos sentidos, se asemeja bastante a plantearte salir de fiesta a una discoteca ultra pija: hay que hacer una cola de espanto para pasar, entran primero los super guays que conocen a los puertas (esto vale para invitados y para fotógrafos y cámaras), dentro la música está a toda ostia, y sólo hay tías buenas y gente con pasta.

3. En él reina la profesionalidad: FALSO.  Los desfiles comienzan sin excepción entre media hora y una hora tarde. El podium donde se sitúan cámaras y fotógrafos suele medir unos 10 metros cuadrados y en él deben entrar unos 50 profesionales, lo cuál es como mínimo incómodo y en la mayoría de los casos, un atentado contra los derechos humanos. Trabajar en un pequeño Babel donde un japonés te mete su objetivo por el ojo, un francés te golpea la cabeza con el codo mientras dispara y debes encajarte en unos 35 centímetros sin respirar para encontrar el buen plano… NO ES FORMA DE TRABAJAR. La mejor parte (la única buena, en realidad) llega cuando, en medio de una sala repleta de gente vomitiva y con un desfile que no comienza, los fotógrafos italianos empiezan a berrear a 3.000 decibelios “LET’S GO, CAZZO!!!” ante la mirada indignada de las celebrities y gente de bien que compone el público.


Mis coleguis y yo esperando a que Chanel de la cara
4. Entre fotógrafos y profesionales de la moda reina el compañerismo: SÍ y NO. La delgada línea entre el amor y el odio es prácticamente transparente en esta modalidad fotoperiodistica. La ley del ‘sálvese quien pueda’ impera: el simpático italiano que te ha ofrecido un café en la cola puede escupirte al comprobar la inviabilidad de hacer su trabajo porque tú ocupas el lugar que, según él, le corresponde; el  chinito sumiso que responde en inglés y con una sonrisa al gorila de seguridad cuando éste le dice que “sin pase al backstage, no entras en el backstage”,  puede convertirse en un super hombre que no desiste y se cuela por cualquier recoveco  -hasta vistiéndose de modelo, si es necesario- para hacer sus fotos, hasta que el gigante viene a ponerlo otra vez de patitas en la calle. Esa francesita tan entrañable que te ha abierto un hueco a su lado, puede sufrir una crisis de ansiedad y comenzar a aporrear al cámara alemán de cinco metros que tiene al lado porque le ha movido sin querer el encuadre. En algún lugar leí que los fotógrafos de guerra a veces se pasan a la moda… y puedo creérmelo.

5. Es el mundo esperpéntico por excelencia: VERDADERO. Pocas veces se puede encontrar uno frente a una paradoja de tamañas dimensiones: lo hortera, chabacano y absurdo abunda en el lugar donde debería reinar el buen gusto.  Las pintas de la banda tiran para atrás.


Una Paris Hilton hortera cualquiera firmando un autógrafo
6.  La estupidez prevalece por encima de todo: VERDADERO. Aunque haya más de un pretendido intelectual paseándose por estos lares, lo cierto es que la mayoría de las personas que ‘viven’ este evento cultural nadan entre la frivolidad y la necedad más absolutas. Aunque haya excepciones como en todos lados, la brillantez de los comentarios del público, de las modelos y de los diseñadores deja ojiplático a cualquier ser humano normal que se pare a escuchar. Me es imposible ilustrar esta última parte por exceso de ejemplos, pero supongo que podréis comprenderme.


Venga, va, ¿quién se apunta a cubrir el próximo desfile?