jueves, 19 de enero de 2012

Encontrar piso en Bariis

Me enorgullece informaros de que… ya tengo casa.

La cosa parecía simple: llegar, llamar, visitar, y aposentarse. Pero no. Sufrir era necesario.Tras 70 euros gastados en llamadas, dos suscripciones previo pago de 22 euros a Appartager (esa gran página web), 20 idas y venidas por el metro bariisino y un pateo interminable por esta bendita ciudad, he encontrado un pequeño apartamento en el que vive una treintañera hippy-zen que me subalquila su habitación por 550 euros al mes.

Chicos, soy una privilegiada. Encontrar casa aquí en dos semanas se acerca bastante al milagro de los panes y los peces.

Aprovecho para dedicar este post a Rus Moya e Ignacio Marín, esas dos míticas personas sin las cuales me habría visto abocada a vivir bajo uno de los 37 puentes que unen las dos riberas de la capital francesa.

Lo que sigue es una pequeña lista destinada a todos aquellos que tengan intención de residir en esta bella metrópolis. He aquí algunos aspectos a tener en cuenta cuando buscas piso en ella:

1. La guerra. Cuando buscas alojamiento permanente en Bariis, te armas de fuerza y tesón porque ya te han avisado de que la cosa es dura. Así,  te levantas a las 6h30 para ir a comprar el PAP (Particulier à Particulier), periódico donde, como su nombre indica, se ofertan casas de particulares en modalidad compra, venta, alquiler y subalquiler. Comienzas a llamar a las 7h45 para descubrir que el contestador automático salta en 2 de cada 3 teléfonos, que algunos no permiten ni dejar mensaje porque a esa hora YA ESTÁN LLENOS (!!) y que los que sí descuelgan te piden que acudas a una hora determinada al piso en juego para hacer cola junto al resto de aspirantes. Algunos tienen cara de ansiedad, otros de desesperación, pero tú aún estás fresco e ilusionado. En algunas casas visitadas te comentan que, tras colgar el anuncio, reciben unas 50 llamadas al día y que en las primeras 24 horas les llegan unos 300 correos electrónicos.

2. El dossier. El dossier es una carpeta cuyo contenido demuestra que eres una persona respetable y de bien. En él se incluye todo a excepción (y sospecho que, en ocasiones, incluido) tu grupo sanguíneo. La carpetita en cuestión debe contener documentos tan fáciles de conseguir para un becario extranjero como un avalista francés (ja), tus últimas dos declaraciones de la renta (jaja), tus últimas 12 nóminas en las que debe reflejarse que ganas tres veces más de lo que cuesta el alquiler (jajaja), así como cartas de recomendación, curriculum, y un largo etcetera.
Se distingue claramente a los aspirantes a inquilino que no tienen alguno de los documentos necesarios por sus saltitos a derecha e izquierda y su sonrisa nerviosa mientras esperan su turno en la cola para visitar el apartamento de marras. Naturalmente, tú, becario extranjero, no sonríes: directamente, te descojonas, y los saltitos tienden a ser largos pasos resignados hacia la puerta consciente de que tus posibilidades de ser elegido tienden a cero.

3. El precio. Las grandes ciudades son caras. Vale. Sólo que aquí son extremadamente caras. Los alquileres oscilan entre los 400 euros (en algún lugar oscuro del extrarradio) y los 700, 800, e incluso 1000 euros por una habitación. La locura máxima. Naturalmente, hay gente dispuesta a pagar por ellas. Todo lo que baja de ese precio suele responder a alguna de las oscuras prácticas abajo detalladas.

4. La “estrechez”. En Bariis, los apartamentos son, por definición, pequeños. Las casas compartidas a tres o a cuatro son prácticamente inexistentes, y abundan aquellas en las que el propietario o inquilino deciden arrendar el salón y quedarse con el único dormitorio.  Las habitaciones “de paso” (de paso a otra habitación, a la ducha o al retrete) son moneda corriente. Y también es frecuente encontrar anuncios en los que se propone vivir en el salón de una casa, eso sí, preservando tu intimidad mediante… una cortina de plástico. Ellos te aseguran que la bonne convivialité está asegurada, pero a ti el rollo squat pagando no acaba de convencerte.

5. La “necesidad”. La necesidad agudiza el ingenio, sí, pero no sólo del que busca, sino también del que ofrece. Lo mejor que he visto por aquí ha sido un trastero convertido en habitación en el que no había váter ni ducha. El casero proponía a la aspirante a inquilina apuntarse al gimnasio que había a dos calles del inmueble para aprovechar sus baños y de paso, hacer un poco de ejercicio.

6. El morro. Aunque en todas las ciudades el mundillo del alquiler está plagado de timos, creo poder afirmar sin demasiados titubeos que Bariis se lleva la palma. Obviando la cantidad ingente de anuncios que ofrecen una habitación elegantecoquetaampliayluminosa por dos duros, y te piden que pagues tres meses de renta por Western Union antes de visitarla, por aquí he encontrado otra modalidad autóctona: la de casa por sexo. Y encima, pagando. Un ejemplo: “Hombre de 54 años busca mujer joven, ordenada, limpia y de buen aspecto para compartir estudio de 20 metros cuadrados. Precio: 450 euros al mes. La cama sería a compartir. Sólo personas serias. Abstenerse curiosos”. La pregunta inmediata que se plantea una es: aparte de chupártela, encima tengo que pagarte 450 pavos??????


El resto de asuntos, que haberlos haylos, los reservo para el libro de consejos que editaré algún día. Seguramente, será un éxito.

3 comentarios:

  1. Andre! amore, me alegro mazo de que hayas encontrado casa al fin :) :) :) y me he partido leyendo algunas cosas del post, aunque sé que vivirlo no es nada gracioso... Desde este momento declaro formales nuestras relaciones París-Roma ;) y le doy a Ryanair y a Vueling la llave de nuestro corazón XD Venga, que ya estás tardando en ir a ikea a comprarte la mesita "lack" de 4,99... besitos.

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  2. Fantástico, Sofi. La mesa, lamentablemente, no cabe ni de coña, pero bueno.. tengo llaves y techo :D A ver cómo organizamos esas visitas, eh?? BST!

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  3. Tan reflejada me siento en lo que escribes....
    Ayy......
    Yo estuve un tiempo en esos cuartuchos-trasteros del último piso (chambres de bonne) sin váter ni ducha. Bueno, miento, había una especie de váter en un pasillo escondido, abandonado. Y me compré una ducha que enganchaba al lavabo y una palangana y....así...en cuclillas me iba lavando con cuidadito.
    Y también viví lo de compartir cama. Era una mujer, y no me hizo que le chupara nada, pero pagaba yo casi todo el alquiler y tenía que aguantar sus paranoias y sollozos nocturnos.
    Etc, etc.

    Así que me alegro. ¡Estás salvada!!
    Mucho ánimo ma belle!

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