Amigos y amigas: con motivo del fin de la Fashion Week, he decidido romper el silencio en esta bitácora con una nueva entrada.
Aunque hasta ahora me haya resistido a ver esta bendita ciudad con objetividad y haya ignorado que la Moda se respira en ella en todas sus formas, tras ocho meses de residencia en la capital francesa he decidido rendirme a la evidencia: mi blog no se llama La Vie à Baríis por la transcripción fonética de la escritura en árabe de París, se llama Baríis por la palabra Bobo. Baríis es el lugar Bobo por antonomasia.
Para quien se pregunte de qué hablo, Bobo, en argot francés, parte de la contracción “Bourgeois-Bohème” (Burgués-Bohemio) y define como ninguna otra acepción el snobismo y gafapastismo que inundan las calles de esta ciudad. En cualquier momento y en cualquier situación, comprando el pan o durante la visita semanal a la lavandería, se puede observar a personas que han dedicado al menos tres horas y la mitad de tu salario mensual a vestirse en código casual-divinodelamuerte.
Baríis es fashion, como prueba el hecho de que se trata del único lugar en la Tierra donde las dos reglas que cualquier madre enseña a su hija a temprana edad (“no mezclarás ni azul marino con negro, ni rayas con cuadros”) se saltan a la torera sin que ello arruine el look hiper cool del personal.
Tras esta breve introducción, espero que nadie ponga en duda que la Fashion Week o Semana de la Moda en Baríis, que en tanto que periodista, me toca vivir de cerca, es MIL VECES más infernal que la Fashion Week de Milán, Nueva York o Madrid.
Tras consultar a numerosos expertos y vivir en carne propia la experiencia, a continuación relato los mitos y realidades que rodean este acontecimiento “cultural”.
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| Vestido super ponible un lunes cualquiera |
2. Se trata de un evento elitista en todos los sentidos: VERDADERO. Desde el inicio hasta el final de los desfiles, tanto si te toca trabajar en ellos como si “sólo” asistes como espectador, podrás entender de qué hablo. En muchos sentidos, se asemeja bastante a plantearte salir de fiesta a una discoteca ultra pija: hay que hacer una cola de espanto para pasar, entran primero los super guays que conocen a los puertas (esto vale para invitados y para fotógrafos y cámaras), dentro la música está a toda ostia, y sólo hay tías buenas y gente con pasta.
3. En él reina la profesionalidad: FALSO. Los desfiles comienzan sin excepción entre media hora y una hora tarde. El podium donde se sitúan cámaras y fotógrafos suele medir unos 10 metros cuadrados y en él deben entrar unos 50 profesionales, lo cuál es como mínimo incómodo y en la mayoría de los casos, un atentado contra los derechos humanos. Trabajar en un pequeño Babel donde un japonés te mete su objetivo por el ojo, un francés te golpea la cabeza con el codo mientras dispara y debes encajarte en unos 35 centímetros sin respirar para encontrar el buen plano… NO ES FORMA DE TRABAJAR. La mejor parte (la única buena, en realidad) llega cuando, en medio de una sala repleta de gente vomitiva y con un desfile que no comienza, los fotógrafos italianos empiezan a berrear a 3.000 decibelios “LET’S GO, CAZZO!!!” ante la mirada indignada de las celebrities y gente de bien que compone el público.
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| Mis coleguis y yo esperando a que Chanel de la cara |
5. Es el mundo esperpéntico por excelencia: VERDADERO. Pocas veces se puede encontrar uno frente a una paradoja de tamañas dimensiones: lo hortera, chabacano y absurdo abunda en el lugar donde debería reinar el buen gusto. Las pintas de la banda tiran para atrás.
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| Una Paris Hilton hortera cualquiera firmando un autógrafo |
Venga, va, ¿quién se apunta a cubrir el próximo desfile?



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