martes, 15 de enero de 2013

Amor a la francesa

Francia ha empezado el año un tanto revuelta, y no por temas como la crisis o la intervención militar en Mali, sino por un asunto tan doméstico como es el matrimonio.

El pasado domingo, con un frío que cortaba el alma, íbamos a visitar a un amigo en la banlieu barisíina cuando una manifestación convirtió un trayecto de 40 minutos en una excursión de dos horas y media.

Generalmente acepto con estoicidad y sin quejas cualquier contratiempo que surja por culpa de una huelga o protesta, pero la empatía se me borró cuando me enteré de qué iba el asunto: manifestarse contra la ley puesta en marcha por el Gobierno de François Hollande para  legalizar el matrimonio homosexual.

La iniciativa del Ejecutivo galo, que no ha sorprendido a nadie porque ya iba en su programa electoral, sí ha logrado sublevar los ánimos del personal como sólo las leyes realmente progresistas consiguen hacerlo.

A la manifestación del domingo asistieron - vestidas significativamente de azul y rosa- entre 350.000 y 800.000 personas, un número nada desdeñable incluso si nos quedamos con la cifra más baja, en un país que presume de defender las libertades individuales y civiles por encima de todo.

El país europeo en el que primero se desató la revolución sexual de los 60, y que hizo surgir términos como “french kiss” o hacer el amor “a la francesa” aún se resiste a aceptar que existe más de un tipo de familia y que el matrimonio solo es “un sacramento” porque no es patrimonio exclusivo de la Iglesia, de ninguna.

Los argumentos de los detractores a esta ley desfilan entre una lógica cogida con pinzas como es la defensa del derecho del niño a tener “un papá y una mamá” a otros más peregrinos, como los de esta señora en otra protesta por los mismos motivos:



Os lo reproduzco:

(“La ganadora de la semana; incluso del año”)
Reportero: Si uno de sus hijos fuera homosexual, ¿cuál sería su reacción?
Manifestante: Sufriría y trataría de encontrar a una persona que lo curara, porque es un sufrimiento, también para ellos.
R:¿Es como una enfermedad, para usted?
M: Sí, un poco, sí. Es… contranatura… esperaría de todo corazón que se curara.
R: Y usted no tiene nada contra los homosexuales…
M: No!! Porque a los diez años, como mi madre no sabía hacer punto fue un hombre quien me enseñó. Guardo muy buen recuerdo, eh? Pero es algo contranatura, me acuerdo todavía.
R: Qué piensa usted de la sociedad actual…?
M: OHLALA! Es la decadencia... hemos traido una condena sobre nuestra sociedad, la cólera de Dios va a caer sobre Francia.
Presentador: Bienvenidos a la Edad Media!!


El tema está despertando respuestas más viscerales de lo habitual: un ejemplo, la Iglesia católica -que por lo general ni pincha ni corta en un país donde la laicidad se empuña como máximo estandarte- también ha empezado a malmeter en el asunto; otro, las activistas feministas de Femen se atrevieron a presentarse en una protesta anti-matrimonio gay y los venerables manifestantes les partieron la cara.

¿Pero por qué una ley que afecta a la vida privada de las personas solivianta de tal forma  a quienes no se verán afectadas por ella?

“Entiendo que se proteste para pedir más derechos, no para impedir que otros los consigan”, razonaba un amigo.

 El aspecto que más divide a la sociedad francesa respecto a esta nueva ley es la letra adjunta, a saber, la posibilidad real que se abre a la reproducción asistida y a la adopción homoparental.

Pese a ello, esta parte (que puede ser más controvertida y quizá merezca un mayor debate) no puede apoderarse del núcleo de la iniciativa legislativa: dar a las personas homosexuales la posibilidad de casarse con su pareja en las mismas condiciones que los heterosexuales.

Aunque el Gobierno  se ha dado por enterado de la fuerte oposición despertada por su proyecto, ya ha aclarado que no piensa dar marcha atrás. Un portavoz socialista recordó ayer que, incluso con todas las quejas que se están escuchando, “al igual que ocurrió en España, cuando los conservadores lleguen al poder seguramente aceptarán la nueva ley”.

Y yo coincido con este hombre. Porque  aunque a la derecha le encante oponerse a cualquier tipo de progreso social, al final acaban rindiéndose a la evidencia: divorciándose cuando el amor no da más de sí, abortando cuando lamentablemente tienen que hacerlo y en un futuro cercano, casándose con alguien de su mismo sexo, en los casos en que esa “terrible enfermedad” se haya abatido sobre ellos.

3 comentarios:

  1. :)
    Me gusta mucho!
    te echamos de menos guapita!!

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  2. Encima de que le enseñó a hacer punto... ¡¡pero será desagradecida!!

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