jueves, 12 de abril de 2012

Especies y Especímenes de Baríis (Chapter One): Mi compañera de piso


Para comenzar este post, pido disculpas -sobre todo, a mí misma- por abandonar el blog más de un mes. La suma de comentarios, jocosos a mi alrededor (“igual que lo abriste, lo cerraste, eh??”) y alentadores en el muro del caralibro (algo sobre alegrar mañanas :D ), me han hecho volver aquí para hablar un poquito más de la realidad bariisina, que no es otra sino MI realidad bariisina. Aviso de paso de que ésta es una recopilación de historias que algunos ya se saben de memoria. Ahí va.


Con la entrada que sigue abrimos una nueva serie, la de especies y especímenes de la ciudad. Probablemente ninguna otra sea tan exhaustiva como ésta: no en vano, he pasado dos meses de mi vida conviviendo/malviviendo con esta… individua.
Aunque si no recibo mi fianza de vuelta, pegaré una foto suya con la palabra “WANTED” y lanzaré ñordas de perro a su ventana si es necesario, en principio, para proteger su intimidad, la llamaré Véronique.

Véronique fue la causa de mi primera entrada en el blog: por extraño que parezca, fue ella quien me buscó en la página de alquiler de pisos, lo que es algo inaudito en Baríis (para más info, lean este post).
Echando la vista atrás… ese detalle debería haberme hecho sospechar. Sin embargo, en ese momento me encontraba en la miseria más absoluta, y acepté su oferta sin dudar.

La casa de Véronique, a priori era pequeña, pero estaba limpia, ordenada y bien decorada, si exceptuamos el abanico con la bandera española que había adosado a mi puerta como entrañable gesto de bienvenida.  La cosa iría así: yo dormiría en la única habitación de la casa y ella, en el salón.
Bien posicionada en la treintena, Vér, como le gusta que la llamen, peina una mata de rizos rubio platino, tiene un tono de piel sospechosamente anaranjado para vivir en Baríis y luce un tipo que no hace intuir ni de lejos la hija que parió hace quince añazos.

La niña, por si alguien se lo pregunta, vive en Nantes con su padre, ya que mi compañera de piso no tiene ni tiempo ni ganas (sic) para ocuparse de ella, si bien la ama “con todas sus fuerzas” y cuando va a visitarla se deja 300 pavos en regalos.
Aunque se dedica al turismo (o eso dice) porque le gusta viajar, lleva en paro 7 meses porque ningún empleo colma sus expectativas profesionales y en realidad su vida se reduce a una sola actividad: adorar a la Diosa yo.

Podríamos incluirla en ese tipo de personas que constituye una categoría vital por sí misma: la de trasnochados a los que un viaje de tres semanas por la India dejó en un estado de dudosa salud mental.
Desde que volvió de allí, Vér vive por y para la autorrealización personal.  A ella le importa ella y nadie más, como prueba la ausencia de “ça vas?” por su parte en 60 días de cohabitación.

Nada más despertarse, a eso de las tres de la tarde, Vér enchufa la minicadena portátil y se lía con los ritos Ohmnianos. Una suave música chill out invade la casa y una voz sensual, estilo Avast (“La base de datos de virus ha sido actualizada”) le repite una y otra vez que Ella es su propia fuerza interior, su energía motriz y su musa celestial.
El cd de meditación y la peste a incienso la acompañan mientras toma su baño relajante, mientras bebe su leche de soja con cereales bio, mientras caga (mierda bio, imagino) y mientras practica sexo (repito, en el salón, zona obligada de paso para mí, a la hora que sea del día) con su novio Bilal, otro colgado zen.

La música la acompaña a ella, y a mí también, puesto que vivimos en un piso de 25 metros cuadrados.
Vér ha escrito en las baldosas de la cocina frases orgásmicas como “Dios limpia mi alma de cualquier error humano y me acerca a la luz divina” con rotulador indeleble, no sea que en uno de sus arrebatos maniaco-depresivos de limpieza compulsiva le dé por intentar borrarlo.

Porque Vér limpia TODO: desde las huellas dactilares en el microondas hasta la cara interna de la puerta de la lavadora. Pasa la aspiradora tres veces al día. Abre mi armario para doblar mi ropa.

Por último, cuando Vér no limpia ni medita, habla por teléfono.
Este hábito, que podría considerarse un gesto natural que todos practicamos diariamente, en su caso se convierte asimismo en un acto esquizoide.

Véronique descuelga el teléfono y  suponemos que, por piedad,  al menos durante la primera hora y media de conversación, alguien escucha al otro lado. Sus charlas son un monólogo ininterrumpido en el que aquel que no hable francés solo distinguirá un ronroneo parecido al que hacen las neveras y que suena así: JJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJJE. Je. Yo, en español. Salpicado de moi’s.
 ¿¿¿Quién, santo dios, quién, escuchará a esta mujer hasta SIETE HORAS SEGUIDAS desvariar sobre sí misma y sus problemas con el universo???

Se aceptan las apuestas, pues en dos meses de convivencia, las dos únicas personas que pasan por casa son el susodicho Bilal y un tal Pierre, instructor de autorrealización personal y canalizador energético, recién llegado de Taiwan, al que la colega suelta 70 eurazos por hora y media de terapia.

Cuando finalmente decido abandonar el barco antes de volverme tarumba, (por ese y otros motivos), Véronique y yo discutimos a causa de la fianza.
Resulta que pese a soltar esa fortuna al brujo, vivir de comida bio, que sale por un ojo de la cara, y los regalos para su niña, ella jura y rejura que no tiene dinero para devolverme el dinero. Lógico.

El rebote nos dura un par de días, hasta que me doy cuenta de que es mejor estar a buenas si quiero ver de vuelta mis 400 euros, así que trato de hacer las paces poniéndole mi mejor sonrisa conciliadora.
 “En realidad no quería contártelo”, me dice muy seria, "pero cuando vino Pierre (el brujo), hizo una limpieza espiritual de toda la casa”. Fantástico, ¿y?

“Bueno, me dijo que tanto tu habitación como una parte del salón, de la cocina y del baño, estaban impregnados de energía negativa, y eso me ha cabreado bastante, es por eso la discusión por el dinero”.
Aunque me cuesta creer que pese a los cuarzos, los budas, la sal gorda, las frases en la pared y todos los malditos talismanes que decoran el piso, mi negatividad haya logrado “impregnar la casa”, cruzo los dedos para que no me descuente la limpieza energética de la fianza. Y cuento las horas para salir de ese antro infernal.

UPDATE: Llamo y llamo pero no responde.. ¿Alguien se apunta al lanzamiento de excremento canino?


7 comentarios:

  1. Uf, lo del descuento de la fianza por la limpieza energética me ha llegao....

    Molt fort, Andre. La confusión entre la espiritualidad y el tener espíritu está a la orden del día. Los Dioses-yo, je, moi, me, mi, conmigo, el vivir ese universo interior que puede ser acojonante, pero sin un mínimo respeto y cariño por los demás me parece una de las cosas menos coherentes de la actualidad. Parece que el incienso, aunque sea bio, hay que usarlo con moderación, o se vuelve uno tarumba...

    Me alegro que hayas salido pronto de ese lugar. Dile que has recibido un mensaje de la 4ª dimensión respecto a la fianza, que el dinero es energía y que te tiene que volver para cerrar el círculo en armonía.....

    besitos, pretty

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    1. Gracias Anis, aunque creo que lo que le diga la 4ª dimensión sólo le interesa si la beneficia... :S

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  2. Me he reído mucho con el post pero me imagino que no habrá sido nada zen lidiar con esa individua... Si necesitas refuerzos, me pillo ahora mismo un ryanair e inicio la tomatina de excrementos caninos, velas negras y postales de Berlusconi made in Arcore, que seguro que le dan mucho mal rollo. ¡Menuda tiarraca bruja!
    Ánimo y a por esa fianza Andre! Baci!
    (hoy he extrañado tanto esos pinchos de Sylkar... ains!!)

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    1. Gracias guapis!!! La verdad es que una tortilla de las buenas ahora...! Pero sí, a parte, un par de velas porsiacaso!!

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  3. Olvida el periodismo, dedícate a escribir comedia ;)

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    1. Lo tenía previsto entre mis opciones a partir de diciembre, cuando me quede en paro.. thanks, man ;)

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  4. Yo siempre estoy available para lanzar mierda de perros a la gente. Me avisas y quedamos.

    Jon

    P.D. Pero de verdad no se como la has aguantado. Pero es cierto, cuando vivia contigo tambien sentia malas vibraciones cuando entrabas en la casa. Ojala que pudiera haberte visto la cara cuando te dijo eso.

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